Han pasado poco más de tres años desde que probé la primera mujer del tercer género. He visto como a poco me he vuelto más lujurioso, de solo entrar a este mundo por curiosidad, hasta vivir experiencias como pasivo y algo más. Años de relaciones casuales con mujeres que fueron solo eso, nunca nada real o serio, mi refugio eran las escorts cis, tenía a un par de ellas que se hicieron mis chicas de confianza. Esas que veía por lo menos una vez al mes. Era lo más cercano a una relación que jamás haya tenido, una de ellas me conocía mejor que mi propia familia y yo a ella. Seguía siendo sexo pagado a final de cuentas, pero aun así era bueno ya que por su tarifa base muchas veces se quedaba conmigo más tiempo del pagado además de hacer cosas que cobraba como extra gratis.
Así ha sido mi vida, ya un año desde que perdí a esa increíble mujer, año en que mi pasión y desenfreno sexual ha ido más en busca de las mujeres del tercer sexo. En uno de estos días donde el frío ya se hace presente y visitando de forma casual la zona rosa al centro de la ciudad fui abordado por una chica trans joven, —con cierto parecido a la influencer trans regia Denzy Jimena, delgadita con pechos pequeños de hormonas pero con cierta forma de ser tan directa que me cautivo— pregunto por mi nombre y pidió mi número personal. Evidentemente me sentía halagado por ser al que lo —liguen, apreciando el valor de esta chica, —algo que yo no hice nunca con ninguna mujer que me gustase—. Me escribió esa misma noche y acordamos una cita para dos días después. El plan era algo tranquilo, solo tomar algunas cervezas en algún lugarcito de esos que abundan en la zona. Así fue hasta que ese día y después de unas cervezas ella se empezó a calentar y se abalanzo a mi comiéndome la boca a besos como muy pocas veces he vivido en mi vida.
Entre manoseos de ambos partes nos dirigimos al baño de aquel lugar donde estábamos tomando para seguir con nuestro faje. Me bajo el pantalón y comenzó a mamarme la verga dejándome ver que no era una novata en eso. Volvimos a besarnos y quise subirle la falda para que me enseñará su miembro pero me detuvo, dijo que eso sería después, que por ahora quería probar mi semen en su boca. No dije nada solo me deje llevar por ella. Volvió a arrodillarse frente a mí y con algo de mi ayuda me vacié en su boca. —Hubiera deseado que se los tragará, pero bueno, supongo que eso ya era pedir demasiado—. Los escupió sobre papel pero aun así dijo que le había gustado mi leche. Salimos del baño y seguimos besándonos, el resto de la noche la pasamos tomados de la mano caminando por las jardineras de reforma y contando un poco sobre nuestras vidas.
Estos días ha sido de intercambiar mensajes aunque claro ya me ha dejado entrever algunas de las llamadas red flags en la chica que me han puesto en alerta. A veces menciona en que soy su novio, que solo le pertenezco a ella y que si llegase a saber que veo a otras mujeres es capaz de matarse. —Dudo que sea verdad, más bien me parece un chantaje emocional—. Ella cree que es mi primer mujer trans, cuando la verdad es que ya tengo mis experiencias con mujeres así. Planeaba contarle mi vida pero qué bueno que no hice. También dice que quiere casarse conmigo, a lo que respondo que vamos muy rápido que primero debemos darnos la prueba de amor jaja. Lo cierto es que algo dentro de mí, —mero instinto que me ha salvado en otras ocasiones—, me dice que la deje, que esto no es normal y no deba involucrarme más emocionalmente con ella. Tal parece que esos años donde no tuve ninguna relación con alguien me dejan sin saber que hacer en estos casos.